scan0004.jpg

"El Amente" de Harold Pinter

 

-Enrique Saavedra, Distrito Teatral, Mayo 2012

En medio de una conferencia de prensa, un periodista elogia a Marina de Tavira: le informa que en una de las dos obras de Harold Pinter que protagoniza, se destaca por su capacidad histriónica, mientras que en la otra se destaca por su belleza. Y es cierto. Marina de Tavira es muy bella y lo sabe. Pero ante todo se sabe actriz. Una actriz que reúne la edad y la experiencia justas para enfrentarse a la pausa, el silencio, la sutileza y la ambigüedad que pueblan el universo del dramaturgo inglés más importante del siglo XX: Harold Pinter.

El año pasado fue invitada a participar en “El Amante”, texto emblemático que explora las relaciones de poder a partir del juego establecido por una pareja de clase media. La obra fue dirigida por Iona Weissberg  y producida por la Dirección de Teatro de la UNAM, a cargo del actor y director Enrique Singer. Allí, Marina tuvo su primera oportunidad para entrar  en el mundo de Pinter, al cual se asomó durante su etapa como estudiante del Centro Universitario de Teatro de la UNAM.

Allí, encarnó a Sarah, el ama de casa que para vencer la monotonía de su matrimonio recibe en su casa a un amante mientras Richard, su marido, visita a una prostituta. Ambos lo saben y son felices. Tan felices como la propia Marina de Tavira al sumergirse en el universo pinteriano acompañada en escena por Antonio Rojas –con quien ya había hecho una afortunada mancuerna en “Después de ti, Señorita Julia” de Patrick Marber dirigidos por Sandra Félix–  y guiada por Weissberg.

“El trabajo con Iona fue tal y como dicen los directores ingleses que se tiene que montar a Pinter: como una partitura musical. Antes de que pienses en las implicaciones emocionales y psicológicas de una pausa, haz la pausa, memoriza la pausa; si la haces con conciencia, encuentras el subtexto. Pinter es un dramaturgo al que, como a una partitura, le debes hacer caso en todo: en las palabras, en los tres puntos, en las pausas”.

La temporada en el Teatro Santa Catarina resultó tan exitosa, que este año la obra fue repuesta en el Teatro Helénico. Lo que quizá no imaginaba la actriz hace un año es que este reestreno estaría precedido por el estreno de otra puesta en escena también en el Helénico, también como protagonista, también de Harold Pinter: “Traición”, dirigida por Enrique Singer.

“Desde que la leí en la escuela quise hacerla, pero tenía que esperar a que llegara la edad. En la obra es muy importante la edad de los personajes pues pasan nueve años, tienen hijos. Los alumnos la montan mucho en las escuelas y está muy bien, pero creo que para hincarle el diente a éstos personajes se tiene que haber vivido ya varias cosas”

Emma es una  mujer que, como Marina, ya ha vivido varias cosas. Está casada con Robert y, durante casi nueve años, es amante de Jerry, el mejor amigo de Robert. El desarrollo de las relaciones del matrimonio, de los amantes y de los amigos es explorado por Pinter a la inversa: el texto inicia con el rencuentro de los amantes y culmina con su primer cruce de miradas.

Y también a la inversa fue el proceso de trabajo con el director Enrique Singer, con respecto al que vivió en “El Amante”: en “Traición” nos fuimos primero a los contenidos y después a puntualizar las pausas.

Admite que, ante el reto de actuar en la misma semana y en el mismo foro dos obras del mismo autor, al principio tuvo temor “de que se contaminaran. Iona plantea una estilización corporal que Enrique no. Yo tenía miedo de no encontrar ese juego corporal al volver a ensayar “El Amante”. Pero descubrí que cuando algo está bien ensayado se queda en la memoria y es parte de una segunda naturaleza.

Y al parecer, el autor inglés es ya una segunda naturaleza para Marina de Tavira: “Me siento muy afortunada de terminar la función el domingo, descansar el lunes y el martes encontrar otra vez a Pinter”. Además de hacerla crecer como actriz, “me ha hecho pensar que como mujer tengo derecho a vivir la vida como la quiero vivir, siendo responsable siempre.”

El universo pinteriano lleva a la actriz hacia otros mundos, como el de otro imprescindible dramaturgo inglés, Tom Stoppard: “de él tengo muchas ganas de hacer “Algo de verdad”, que ya se ha montado en México, pero hay que revisitar los textos y volver a hacerlos”. Y, por supuesto, desea seguir leyendo y actuando a Pinter pues, en este momento, Marina de Tavira está en la edad perfecta para ser no solamente Sarah o Emma, sino también Ruth de “Retorno al hogar” o la Sra. Sands de “La habitación”, por ejemplo. Aunque admite que para hacer una de sus obras predilectas, “Viejos tiempos”, todavía le faltan algunos años.

Entusiasmada, acepta que le gustaría ser dirigida en otra obra de Harold Pinter por creadores como Raúl Quintanilla y Luis de Tavira, sus maestros. El primero porque “le gusta ir hacia lo profundo de las motivaciones de los personajes” mientras que al segundo “le encuentra a Pinter una parte pasional que muy pocos directores le ven. Pinter era un ser muy apasionado”, exclama la actriz con algo que no puede ser otra cosa más que pasión.

“Pinter me reitera cuánto amo el teatro y cuanto quiero seguir haciendo teatro”. Por eso, al término de la temporada de “Traición”, el 27 de mayo, continuará con la temporada de “El Amante” hasta mediados de junio y reestrenará en la UNAM “La expulsión”, texto de José Ramón Enríquez dirigido por el propio Luis de Tavira. Marina de Tavira quiere seguir haciendo teatro porque no quiere ser sólo una chica bella: quiere ser actriz. Y lo es.